Hey, yo disfruto las fiestas de cumpleaños tanto como cualquiera. Boquitas a montón, turrón por doquier, dulces que salen volando a velocidades mortales del tobillo de un Power Ranger de papel maché. Todo muy bien y bonito. Pero frecuentemente me he preguntado, ¿cual es el punto de celebrar un primer cumpleaños?
Todos hemos ido a una de estas fiestas. Pero honestamente, no creo que la fiesta sea para el bebé. Digo, el festejado anda gateando por el piso, él no sabe que es su cumpleaños. No se va a acordar de lo que comió ese día, o lo que regalaron, si hubo payaso o no, quienes fueron a su fiesta. Es más, NO LE IMPORTA. Para el infante, este es solo un día más en su hasta ahora poco memorable existencia. Solo que este es un día más que sucede que tiene más gente de lo habitual, con paquetes con chongas bien divertidas.
Entonces ¿para quien es la fiesta del primer cumpleaños? Para todos, menos para el cumpleañero. Bueno, no todos. Es, más bien, para los felices padres y los de su generación. A ellos ya no se les vale celebrar su cumpleaños con globitos de colores, payasos vagamente aterradores, pasteles con más betún que pan, gorritos, etc. Ellos ya son adultos. Ellos tienen que conformarse con un pastel normal, bajos en calorías, y tal vez alguna salida a cenar y bailar. Pero ya no esta esa pompa, ese carnaval para celebrar el natalicio de uno.
De alguna manera, los adultos viven precariamente de sus hijos, y hacen un desmadre total. Pero el punto básico sigue siendo el mismo. El bebé, la razón por la que han reunido taaanta gente en un mismo lugar, no le interesa, no recordara este día, ni se resentirá por lo que haya pasado. Va a jugar más con la caja en la que venia el juguete que con el juguete mismo. Va a llorar frente al payaso porque ver un cabrón con nariz hinchada y cara blanca no es normal, ni para el bebé ni para uno de grande. Pero al día siguiente no recordara nada.
Les contare la historia de mi primita, que recientemente cumplió su primera primavera. Paso toda la noche gateando por el piso, mientras los demás servían boquitas y soda, y ponían globos. Ella estaba más interesada en jugar con la botella vacía de soda. Pero hasta ahi todo bien. De repente... EL HECATOMBE. Llego la hora del pastel, uno muy lindo de vainilla con turrón de chocolate. Pusieron el pastel en la mesa de café de la sala. Y cometieron el primer error en una serie de errores: Sentaron a la niña en la mesa.
A este nivel, uno debería saber que todo bebé se interesa por una cosa nueva, y que querrá agarrarla para ver que rayos es. Eso hizo la niña. Metió las manos directo al pastel. Pero, el color del betún le recordó algo menos agradable (caca pues) e inmediatamente se desespero. Intentó quitarse el jodido betún como pudo, pero eso solo termino propagando el desastre a su ropa, su cara, su pelo. En medio de la faena, termino metiendo los pies (descalzos) al pastel, lo que incito una nueva ola de ansiedad.
Y mi brillante familia decide que para distraerla del desastre, este es el momento perfecto para cantarle "Feliz Cumpleaños". Claro, tienes a dos decenas de adultos, gritando y aplaudiendo sin razón alguna, y la primera reacción de la cumpleañera es entrar en shock. Deberían haber visto su cara, es como cuando Indiana Jones, con el ídolo dorado en brazos, ve la piedra enorme rodar hacia él. Solo que en este caso, Indiana es mi prima, el ídolo es el turrón, y la piedra hija de puta vienen a ser todos esos viejos gritones que celebran su miseria (¿en serio? La niña esta asustada y sucia... ¡¿Y LE APLAUDEN?!) No tiene adonde ir, su madre la sostiene por detrás para que no se caiga de la mesa. Terminamos de cantarle, y la madre decide empezar a moverle las manitas a la niña, para que ella también "aplauda". El acabose. Mi prima llega a su punto de quiebre y rompe en llanto, mientras su madre sigue haciéndola aplaudir.
Fue demasiado para mi. El turrón por todos lados, el miedo en su cara, el llanto, los adultos intentando apaciguarle cantando más fuerte, la humillación total. Toda esta imagen hubiera sido trágica para cualquiera... menos para mi. Para cuando la niña dejo de llorar, yo ya estaba en el piso, ahogándome de la risa.
¿Ven que les dije que la diversión no era para el cumpleañero?
Canción del día: "Unhappy Birthday" de The Smiths
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