Después de una discusión bastante reveladora con un amigo, me di cuenta de una cosa algo peculiar.
No me gusta cocinar. No es por flojera (aunque sí, no niego que hay ocasiones en que realmente NO QUIERO levantarme para preparar arroz, no importa que tan amenazante se vea la cara de mi madre).
Me di cuenta de un hecho raro: a través del tiempo, y como resultado de diferentes situaciones en mi vida, he creado una relación entre cocinar y ser feliz. Inconscientemente, he relacionado la acción de cocinar como una consecuencia del sentimiento de felicidad.
Y cuando me obligan a cocinar... me siento algo hipócrita. Porque no lo estoy haciendo porque me emocione o por que quiera aprender, como a mi hermana. (Dios bendiga su entusiasmo, que es lo que me salva de morir de hambre los fines de semana.) No siento ninguna motivación real, aparte de las amenazas homicidas tacitas provenientes de mi progenitora.
Me pregunto como habré llegado a ese estado mental.
Curioso.
Canción del día: "Casimir Pulasky Day" de Sufjan Stevens
No hay comentarios:
Publicar un comentario