Aparentemente el mundo se ha tomado muy en serio lo de que el voto del pueblo puede cambiar al país. Así que todos mis amigos votaron ayer, y hoy andaban con el dedo manchado con la tinta más indeleble del mundo. Votaron por que al fin tenían edad suficiente, sentían que tenían la responsabilidad moral y civil de elegir a su alcalde. Mis papás fueron a votar también, después de más de una década de evitar ir a las urnas... también sintieron el deber.
OK. Todo bien.
Pero ahí es cuando me siento levemente fuera de lugar: yo no pude votar. No es porque no quisiera, o porque no alcance a llegar a donde me toca votar... es porque mis papas no quisieron ir con el baby boom de finales de los 80's, cerraron las piernas y se aguantaron hasta la década siguiente.
Todos me hablan de cómo te sentís al votar y todo eso. Ahí es donde los no-votantes involuntarios como yo nos sentimos como Adán en día de las madres. Todos hablan de procesos, anécdotas compartidas, se jactan del dedo con tinta de color cambiante, discuten fervientemente sobre el día de votación. ¿Y yo que hago? Asiento mecánicamente porque no sé de que rayos están hablando, me rió de las anécdotas, y sugiero métodos alternativos para que el color del dedo regrese a la normalidad (por cierto, ni el jabón, el alcohol, detergente en agua caliente NI la piedra pómez funcionan muy bien en esos casos... solo por si tenían dudas. No sé sobre los disolventes industriales, porque nadie que yo conozca ha probado con eso... por el momento.)
OK. Todo bien.
Pero ahí es cuando me siento levemente fuera de lugar: yo no pude votar. No es porque no quisiera, o porque no alcance a llegar a donde me toca votar... es porque mis papas no quisieron ir con el baby boom de finales de los 80's, cerraron las piernas y se aguantaron hasta la década siguiente.
Todos me hablan de cómo te sentís al votar y todo eso. Ahí es donde los no-votantes involuntarios como yo nos sentimos como Adán en día de las madres. Todos hablan de procesos, anécdotas compartidas, se jactan del dedo con tinta de color cambiante, discuten fervientemente sobre el día de votación. ¿Y yo que hago? Asiento mecánicamente porque no sé de que rayos están hablando, me rió de las anécdotas, y sugiero métodos alternativos para que el color del dedo regrese a la normalidad (por cierto, ni el jabón, el alcohol, detergente en agua caliente NI la piedra pómez funcionan muy bien en esos casos... solo por si tenían dudas. No sé sobre los disolventes industriales, porque nadie que yo conozca ha probado con eso... por el momento.)
Así que, ya me harte. Ya no quiero oír de las elecciones, ya no quiero escuchar a alguien más restregandome el hecho de que todavía soy menor, y de que me estoy perdiendo de la ocasión en que las elecciones para diputados y alcaldes cayeron el mismo año que las elecciones para presidente. Ya no quiero que nadie me recuerde que estas son las elecciones en las que podemos cambiar a la patria, ¡que no respondo! Eso es comer pan frente a los pobres.
Oh, y para el próximo que me venga con la basura cívica de que "el arma del hombre libre es el voto", recuerda: A Hitler lo eligieron en una completa y libre elección democrática... dicho sea de paso.
1 comentario:
Vaya chio sama para que te alegraras, y dejaras el trauma de no ir a votar, te anduve haciendo propaganda de tu blog, y se lo dije a toda la gente que estaba a mi alrededor, ( y vos te diste cuenta Xd:p). =p. Sayonara chio sama.
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