sábado, 21 de marzo de 2009

¿De que color es nuestro presidente? Rojo aparentemente.

Y ocurrió el cambio en nuestro país. El resultado de las elecciones ha dado un momento de jubilo y esperanza aquí. Pero igual: no ha habido ni una sola persona o situación que no me recuerde... que no pude votar.

Quiero decir, ¿Cuál es la gana de restregarme mi edad? Todos han tenido una estúpida necesidad de recordarme incesantemente que no participe en lo que bien podría ser uno de los momentos más importantes de la historia política de El Salvador. Parenla ya carajo.

OK. Esta bien que uno, tal vez dos hayan bromeado conmigo de eso. Pero que de repente mis tíos, mis amigos Ricardo y Rodrigo en la universidad (entre otros idiotas), mi ex Roberto, hasta el señor que me vende las minutas en el campus, todos me agarren de objeto de diversión por ser aparentemente la única que no votó... ya raya en lo ridículo.

Y lo que más me da rabia es que los muy malditos tienen razón. Es decir, ¿cuando volverán a haber elecciones así de significativas en mi vida? Para cuando ya pueda votar, las primeras elecciones en las que podre participar serán para alcalde... ¡ALCALDE! Yeepie. ¿Y que me dicen de las próximas elecciones presidenciales? Nada, absolutamente nada me garantiza que esas elecciones serán igual, o más importantes que las que acaban de pasar.

Enfrentemoslo. La única manera en que esas elecciones sean grandes, para darme ganas de ir a votar, es que el cadáver de Schafik recobre vida y quiera volver a postularse para presidente. Eso pasara justo después de que el recién desempleado Bush se vaya a jugar rayuela a Colombia con los comandantes en jefe de la FARC.